“La Maldición de Spinoza” es el memorándum que escribe don Juan de Orozco y Jumilla, durante su travesía hacia una nueva vida en Nueva España, a la provincia del Yucatán. A su llegada a Ámsterdam se asombra de que otras confesiones sean legales y públicas.
Su traslado a Ámsterdam se produce como consecuencia de su ocupación como Secretario del Secreto del Inquisidor Calificador del Consejo de la Suprema Inquisición, don Fermín Bohórquez Rodríguez, en busca del autor de los libros “El Teophrasto Redivivo” y “Los tres impostores”, lo que en principio lo llenó de temor e inseguridad.
Se establecerá como fabricante y vendedor de telescopios y microscopios, la tecnología más avanzada de la época, lo que lo pondrá en contacto con las universidades de Europa, en las que no dejará de indagar. Detecta el enfrentamiento entre escolásticos y cartesianos. Razón por la que aparecen diversos personajes históricos junto a otros inventados, como el zapatero Mateos, el ordenanza Serafín e infinidad de personajes secundarios.
Por su actividad comercial, cita pintores reales del siglo de oro de la pintura flamenca e italiana, a los que adquiere telas que revende.
El punto culminante de esta primera parte, es la entrevista de don Fermín con Baruch Spinoza, en el que éste le refiere su pensamiento. Recuerda que el hombre forma parte de la naturaleza y que debe vivir con alegría, sin culpa, y disfrutar de cada instante de su vida. Razón por la que se le graba en la memoria la proposición sesenta y siete de la cuarta parte del libro del que todavía no conocía el título.
El hombre libre en nada piensa menos que en la muerte, y su sabiduría consiste en una meditación no sobre la muerte, sino a propósito de la vida.
